Un reto, un sueño, un rayito de luz que nos alumbre en medio de este túnel que parece no tener final. Noventa días, un proyecto, mucho que decir y que escuchar. Bienvenidos, valientes, empieza la cuenta atrás.
Y venga puerta para arriba y venga mueble para dentro, y sobre todo, venga ganas locas de abrir nuestro hostal. No queda mucho tiempo para que el plazo que yo misma me impuse llegue a su fin y sólo se me ocurre seguir y no parar. No puedo decir que el ritmo que llevo sea frenético porque simplemente no creo que fuera posible, por el ajetreo mío personal y porque los medios que elegí requieren paciencia más que otra cosa. Ya me gustaría a mí ponerme en plan Nuria Roca en ese programa más que absurdo y mandar como una posesa a todo el mundo y que todo estuviera listo y reluciente al final del día. Pero no, yo decidí aprovechar los recursos que tenía a mano como mi extenso tiempo libre, los muebles acumulados en mi casa, mis nada despreciables conocimientos sobre estancias "hosteleras" y unas cuantas habitaciones con muchas posibilidades. ¡Ah! Y ganas de trabajar, quién me lo iba a decir.
Casi mueble para una habitación
Aquí dejo el último empujoncito que se ha llevado el proyecto. Mira que me gusta el verano pero hoy hubiera pagado por haber estado al menos en febrero. El rodillo va sólo pero macho, voy a echar un brazo que ni Nadal.
Más detalles para dentro
Buenas noches navegantes, no sabéis las ganas que tengo de inaugurar.
Es cierto, aunque no es que crea yo en el destino o en que todo está escrito pero, a veces, es inevitable pensar que las cosas pasan por alguna razón. Que anoche fuera yo a mi habitual labor findesemanera, ya sabéis, la de acribillar a los invitados de las bodas con una luz muy molesta para ganar unas perras que apenas me mantienen a flote, pero que menos da una piedra; que al pesimismo y la incertidumbre les diera por hacerme mella una vez más mientras trabajaba y no dejara de pensar: "¿pero qué clase de trabajo es este? Uno de estudiantes, de chavales que estudian y a la vez hacen esto para luego hartarse de copas los jueves y los viernes. Pues eso, lo que hacía yo hace cinco años. Pero hacer esto ahora, cuando ya toca otra cosa y además, con lo que quema... Pues más quema la hostelería, ¿o es que ya no te acuerdas? ¿Y por qué tiene que ser hostelería si yo me hinché de estudiar como se suponía que tenía que hacer? Muy sencillo, porque has estado intentando encontrar un trabajo más o menos remunerado ^de lo tuyo^ durante casi un año y no lo has conseguido, y te has rendido."
Entonces, en el coche de camino a imprimir las fotos tomadas, en el cénit del sombrío pensamiento en el que yo sola me estaba metiendo hasta el mismísimo cuello, con el añadido del notición del rescate de fondo, y sin dejar de cambiar de emisora en busca de algo escuchable, apareció una voz interesante. Alejé el dedo de la radio cansada ya de no saber cómo complacerme. Cuando miré la cadena y vi que se trataba de la Cope pensé "al carajo, la quito", pero tuve que dejar los prejuicios atrás porque aquel "hoy voy a divorciar a todas las mujeres tristes de mi ciudad" captó mi atención irremediablemente. Aquella canción ávida de "hoy voy a hacer" me guanteó la cara y, lo más importante, espantó los malos pensamientos de mi cabeza y me dijo al oído: "pero vamos a ver, ¿y tu casita de huéspedes qué? ¿Es que no estás trabajando en ella para que sea tu trabajo, para que seas tu propia jefa? No, nadie dijo que romper con los esquemas tradicionales sería fácil, ya me entiendes, esos que dicen que te busques un trabajo estable y seguro. Nadie dijo que iba a ser un caminito de rosas. Bien sabes tú por los ejemplos que te rodean, padres, abuelas, hermana, amigos y primos, que todos lucharon por conseguir lo que tienen".
Y yo, con mi cara de "¿me estás hablando a mí?", abandoné por fin el pozo de chorradas que se me vienen a la cabeza y me quedé pensando en mi hostal, mi dulce hostal.
Ahora, el título de la canción manda huevos.
Trabajito me ha costado, como dice esa gente, levantarme de la cama envolvente, blanda, templada, maravillosa superficie que descarga mi cuerpo de cansancio y que no me dejaba irme esta mañana. Será egoísta y mala, sabiendo lo difícil que es para mí dejarla, cuando yo lo único que pretendo es ir a trabajar. Pero ella no, ella tiene que atraparme entre sus sábanas, me sujeta los párpados para que no pueda abrir los ojos y me susurra al odio que no es justo, que debería poder quedarme allí un poquito más, con lo bien que estoy ahí con ella y que apague de una vez esa alarma del demonio para sumergirme en un dulce coma.
Sin embargo, yo lucho, peleo y sollozo, me revuelco y reniego de todo con el otro hemisferio de mi cerebro diciéndome firme: vamos, hazlo, sólo levántate, una vez lo hayas hecho serás todo más fácil. Y tras lo quizá se convierten en veinte minutos de batalla mental y física, me levanto al fin, como una muerta viviente, con los ojos aun cerrados, chocando con todo lo que me encuentro de camino al baño.
Si no fuera por mi preciado portátil, yo creo que mi vida no sería la misma porque él me ayuda en todo, al menos me ayuda a volver al mundo de los vivos cada mañana gracias a su archivo musical.
Hoy ha sido Amparanoia, esa tía me despabila como nadie, me hace salir por la puerta con un "buen rollito" impresionante y pensando en que algún día tengo que ir a Tijuana. Pero eso sí, después de odisea que ha supuesto levantarme hoy de la cama, no he podido evitar estar canturreando "trabaito ma costao" hasta la irrupción de doña Amparanoia.
No sólo me invaden referencias musicales en estos casos sino que también me ha venido a la memoria una escena de "Una historia del Bronx", esa en la que Robert De Niro coge a su hijo bien fuerte para dejarle claro que el héroe no es el mafioso del barrio sino él mismo: "¡El tipo duro no es él, sino los hombres que se levantan cada mañana para ganarse la vida. El tipo duro soy yo, tu padre!".
No puedo estar más de acuerdo. La hazaña no es ser respetado, trapichear o tener el máximo poder, la hazaña es levantarse de la cama para ir a trabajar cada día. Eso sí es duro.
No veas qué oda me ha salido a los mañaneros del mundo, y eso que yo sólo me tengo que levantar a las nueve de la mañana. No quiero imaginar si tuviera que despertarme a las siete, entonces me haría un monumento a mí misma.
Ya que estoy, le voy a dedicar la entrada de hoy a la persona que se levanta más temprano que conozco para ir a trabajar. Que no se me olvide decir que se está ganando la vida en Gales, que también es signo de algo que bien sabemos ya.
Hoy va por ti, Julia. Chiquilla, no sé cómo lo haces. Pues haciéndolo, ¿no es verdad?
Buen fin de semana a todos, literalmente. Un besazo y mucho ánimo.