Por hoy nada mas, que voy con un monton de bulla a una especie de boda pagana en mitad del campo que al parecer dura cuatro dias. Es decir, me voy de boda gitana...oleeeeeeee.
See you soon!
Un reto, un sueño, un rayito de luz que nos alumbre en medio de este túnel que parece no tener final. Noventa días, un proyecto, mucho que decir y que escuchar. Bienvenidos, valientes, empieza la cuenta atrás.
Antes que nada, tengo que deciros que esta entrada no seria aceptada por la Real Academia jamas. Y a que se debe tal conclusion? Pues a que no habra ni una sola tilde, una "enie" o un signo que abra interrogacion. Es lo que tienen estos ordenadores guiris, o mas bien, lo que no tienen. Pero bueno, me conformo con haber encontrdo la @ y el signo final de interrogacion, que en estos ordenadores, estan perdidos en el extenso teclado, a saber por que.

Aquí van un par de bocetos de Raquel, preciosos y con unos colores que me encantan, bien vivos. Me ha propuesto que pinte los muebles de la cocina en naranja para que hagan contraste con las baldosas verde oscuro del suelo. A mí me encanta pero los muebles son muy nuevos, blancos, y me da pena pintarlos sin que tengan ningún defecto. De todas formas, cuando vea lo que me piden por el bote de pintura decidiré definitivamente qué hacer. 










Y ahora yo me recrimino a mí misma: ¿pero cómo no se me ocurrió antes?
La verdad es que no creo haberme sentido así antes. Es que estoy tristísima, leche, lloro a la mínima presión. Supongo que me siento bastante atrapada y por qué no admitirlo, un poco inútil también. Vamos, que no soy muy de provecho ahora mismo para nada y para nadie. Pero sobre todo, lo que me mata, es que no me sirvo ni a mí misma con esta actitud y en esta situación. Por más que lo intento, la búsqueda de mi hueco laboral adecuado no da ningún resultado y he de reconocer que cuanto más pasa el tiempo y más negativas recibo, menos ganas tengo de seguir y más de bajar las persianas para ponerme una peli y que me trague la tierra.
Crisis, crisis, crisis...Seguro que esa palabra ha funcionado como aquellas que, pronunciadas tres veces en las películas como Candyman o Beetlejuice, hacían aparecer a una criatura terrorífica e inquietante. Pero nosotros no la hemos pronunciado tres veces sino que la recitamos a diario hasta quedarnos secos y la hemos convertido en un monstruo que sí, es real, está presente, pero también nos come por dentro al no ser capaces de pensar en otra cosa. Es como un yunque de esos que le caían al coyote desde lo alto de la montaña y lo dejaban aplastado contra el suelo. Lo mejor de todo es que era siempre su propia trampa, ¿lo recordáis? Él perseguía al correcaminos y preparaba todo tipo de tretas contra él pero al final, siempre acababan volviéndosele en contra. Me estoy dando cuenta, tal y como estoy escribiendo, que a nosotros nos ha pasado los mismo: la ambición se nos volvió en contra y nos calló encima.